La parroquia responde al propuesto Pacto Anglicano /

The parish responds to the proposed Anglican Covenant

Cincuenta o más miembros de La Iglesia de Nuestro Salvador/The Church of Our Saviour en Cincinnati Ohio participaron en cuatro conversaciones durante almuerzo, los Domingos de Cuaresma 2011. Lo siguiente es el informe de las notas de líderes de la junta parroquial.

 

Reconocemos la Comunión Anglicana por las relaciones buenas con compañeros en misión; también por el mal tratamiento a nuestra Obispa Presidente por otros, y su promoción de congregaciones episcopales que han salido de nuestra iglesia.

 

Nuestra esperanza para la Comunión Anglicana es que incluya todas las gentes, reciba bien la diversidad, y ofrezca amor hacia todos; que no nos ate a la interpretación más estrecha y estricta de la Biblia. Entendemos como Anglicanos que respetamos la elección para vivir nuestra fe como Dios nos haya llamado.

 

Un pacto escrito que no expresa nuestras creencias y prácticas no podemos seguir.  No podemos aceptar un pacto que excluiría algunos de nuestros miembros o negar nuestra capacidad para ser guiado por el Espíritu Santo.

 

Hay conflictos por el mundo y la iglesia. No debemos tratar de estos por buscar maneras de excluir a aquellos con quienes seamos menos confortables o con quienes no estemos de acuerdo—como parece hacer este documento.  Nuestra experiencia como congregación es que Dios no ha elegido algunos sobre otros; que Dios continuamente guía personas hacia la fe, y debemos aceptarles, proclamando la Buena Nueva a todos.  Como hemos vivido esta vocación por muchos años, sabemos que no entiende el mundo, a veces no entienden otros en la iglesia.  Pero también reconocemos cuando se nos trata de forzar hasta conformidad con un Evangelio limitado.

 

Todos somos seres humanos con faltas. Pero Dios nos acepta y trabaja con nosotros. ¿Por qué no puede hacer lo mismo la Comunión Anglicana? Necesitamos más momentos (como el ¨Ubuntu¨ compartido por unos obispos en Lambeth) de reunirse para reflexionar en las escrituras y compartir la oración: no tal documento para ordenar nuestras relaciones.  En este mundo de dictadores y peligro, la Comunión Anglicana debe proveer un espacio donde podemos vivir juntos en la paz.

 

Todavía tenemos el Pacto Bautismal.  Tenemos el Credo de los Apóstoles como el símbolo bautismal, y el credo Niceno como declaración suficiente de la fe cristiana.  Por el Bautismo, hemos recibido el poder para compartir la comunión de Dios en Cristo con toda persona, por toda la tierra y la creación entera.  ¿Por qué necesitaríamos otro pacto?

 

Nos importa la realidad que nuestra Comunión incluye otras iglesias, tradiciones, y muchas culturas.  Es la misión que nos une, no más palabras y definiciones.

 

Por la mayoría, el Pacto propuesto parece a nosotros más un documento legal que una presentación del espíritu de Jesús.  No podemos encontrar a Jesús en este.  La organización que presenta pareces como un club donde seguimos las reglas o nos rechazan.  Cada iglesia sirve en una cultura diferente y no podemos conformar a las mismas demandas, más allá de las afirmadas por el Cuadrilateral de Lambeth.  A ciertos miembros es como volver atrás al sentido católico romano, de control por la jerarquía, que dejaron cuando vinieron a esta iglesia.  Somos miembros de esta iglesia porque queremos la libertad en Cristo para responder a nuestro contexto en misión y para ofrecer la bienvenida a todos.

 

El Pacto nos toca como un documento legal, difícil de entender, todo de palabras, un asunto de buscar métodos de entrapar o escapar.  Crea sospecho no confianza.  De tal documento esperamos juicios, abogados, pleitos, y demasiada atención a pequeños puntos de ley. Otra vez preguntamos, ¿qué tiene este en común con Jesús?

Fifty or more members of The Church of Our Saviour/La Iglesia de Nuestro Salvador in Cincinnati Ohio took part in four Sunday lunch conversations on the proposed Anglican Covenant, during Lent 2011. These are the conclusions from the notes made by their vestry facilitators.

 

We are aware of the Anglican Communion through positive relationships with partners in mission; also through the negative ways others have treated our Presiding Bishop and their encouragement of Episcopal congregations who have left our church.

 

Our hope for the Anglican Communion is that it would be inclusive of all people, embrace diversity, and express love for all; that it not bind us to the most strict and narrow interpretation of the Bible.  It should be understood that as Anglicans we respect the choice to live our faith as we are called.

 

A written covenant which does not express our beliefs and practices is not one we can follow. We cannot embrace a covenant that would exclude any of our members or refuse to affirm our capacity to be led by the Holy Spirit.

 

Conflicts abound in the world and the church.  We are not called to deal with them by looking for ways to exclude people who make us uncomfortable, or with whom we disagree -- as this document seems to do.  Our experience as a congregation is that God has not picked or chosen some of us over others; that God continually leads people to faith and it is for us to embrace them, proclaiming the Good News to all.  Having lived into this vocation for many years, we are aware that the world and sometimes the rest of the church will not fully understand.  But we also recognize attempts to manipulate us into conformity with a more limited view of the Gospel.

 

We are all human with faults.  Yet God is willing to accept us and work with us.  Why cannot the Anglican Communion do the same among its constituents?  We need more of the Ubuntu  moments (as shared by some of the bishops at Lambeth) of coming together to share reflection on scripture and prayer: not a document to legislate our relationships.  In a world of dangerous dictatorships and demagoguery, the Anglican Communion should provide a place where we can just live together.

 

We already have the Baptismal Covenant.  We have the Apostles´Creed as our baptismal symbol, and the Nicene Creed as a sufficient statement of Christian faith.  In baptism, we have received the power to share the communion of God in Christ with every person, throughout the world, and with the whole creation.  Why would we need another Covenant?

 

It is important to us that our Communion includes other churches, traditions, and many cultures.  It is the mission that unites us, not more words and definitions.

 

On the whole, the proposed Covenant strikes us far more as a legal document than as a representation of the spirit of Jesus.  We cannot find him in it.  The organization it proposes sounds like a club in which we follow the rules or we´re out.  Each church serves in a different culture and we can´t all possibly conform to the same demands, beyond what we all affirm in the Lambeth Quadrilateral.  This is too much for some of our members like returning to the Roman Catholic sense of hierarchical control which they left when they joined this church.  We are members of this church because we cherish the freedom in Christ to respond to our own context in mission and to welcome all people.

 

For the most part, the proposed Covenant is a legal document, hard to understand, a matter of word-smithing, open to looking for traps or loopholes.  It engenders suspicion rather than trust.   In such a document, we foresee litigation, lawyers, accusations, immense pressure and weight being given to legalities.  Again we ask, what does this have to do with Jesus?